The Ides Of March

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TITULO ORIGINAL: The Ides of March
AÑO: 2011
DURACIÓN: 101 min.
PAÍS: EE.UU
DIRECTOR: George Clooney
GUIÓN: George Clooney, Grant Heslov (Obra: Beau Willimon)
MÚSICA: Alexandre Desplat
FOTOGRAFÍA: Phedon Papamichael
REPARTO: Ryan Gosling, George Clooney, Paul Giamatti, Marisa Tomei, Philip Seymour Hoffman, Evan Rachel Wood
PRODUCTORA: Cross Creek Pictures / Exclusive Media Group / Smoke House
GÉNERO: Drama, Política ,Thriller




Se me presentó la oportunidad de ver esta película hace poco y tuve muchos sentimientos encontrados. No tanto por mis visiones políticas (que apenas, gracias a la maestría, quiero pensar que están tomando forma), sino por aquellos códigos que creemos tan fuertes en nuestra formación/educación-sentimental, pero que al final pueden resultar débiles o confusos. En la película refleja eso; cómo hasta el menor de los errores puede ser causa de una malinterpretación... pero con el pasar de los minutos surge la pregunta: “¿Sí es malinterpretación, o sí hubo algo escondido en la intención de mis actos?”.


Otra cosa que destaca es la manera en que la coherencia de los ideales que seguimos afectan de una manera extraordinaria la visión que tenemos de las cosas: "¿Mi mayor influencia respeta lo que dice? ¿Cree en lo que hará? ¿Tiene un sentido todo lo que nos dice, como para reparar un país destruido?" (Y claro, ¿Qué entendemos por “Destruido”?). Cuando quiero aplicarlo a mi vida como ser-político en México, me resulta difícil, porque más que partidistas, al parecer nuestros votos van dirigidos a personas que ni siquiera piensan igual que los fundamentos del partido en el que están (creo que es diferente ser Calderonista a ser PANista, AMLO- PRDista y así, ad nauseam. Aunque –como dije- esto apenas lo estoy revisando). Es un poco confuso, pero creo que esa falta de coherencia hace difícil un seguimiento fiel, por mi parte, a algún partido político.


En fin, por eso mismo me gustó la película. Me recuerda a una clase en la que un maestro nos dijo: “Es fácil juzgar por fuera. Pero, ¿Qué harían ustedes con una bolsa en su escritorio que tiene millones de dólares, a cambio de una ley? ¿Qué harían con un arma en la sien?”. Yo pienso que mis códigos son fuertes, ¿Pero superarían este tipo de pruebas, tan ligeras y -maldita sea- tan pesadas a la vez? En serio, con el corazón en la mano, me gustaría pensar que sí. Aunque uno nunca sabe: te puedes creer muy fuerte y al final terminar con cargos de conciencia que, si bien te va, no te dejan dormir. ¿Qué cosas aprende uno en la política?


Medios de comunicación, traición, dilemas morales-religiosos y el dolo político. George Clooney ha escrito/dirigido una obra que refleja muy bien la incertidumbre que tengo, en torno a la política actual y la falta de coherencia con respecto a mis ideales, tan jóvenes e ingenuos ellos.





Una opinión, quizás un poco ingenua.

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Filtración de información, videos incriminatorios, cierre de sitios web. Lo que está pasando actualmente es una de las cosas más extrañas -pero interesantes- que he tenido la oportunidad de ver, ahora que me interesa un poco más la política y, claramente, internet. Y por “extraño” me refiero a que antes, para una revolución/guerra civil, la gente luchaba con lo que tuviera al alcance y el siguiente paso era recuperar todo aquello que ‘autoridades’ con intenciones malévolas les habían quitado de las manos.


Sin embargo, ¿Qué es lo que pasa en la actualidad? Lo virtual es la columna vertebral de todo. En cierto momento, las armas fueron cambiadas por videos, la toma de edificios por el hackeo de sitios web importantes. Los informes ahora son archivos confidenciales que se filtran a partir de diversos medios, para que la gente tome nota de todo aquello que se hace a sus espaldas. Ahora, supongo, es cuestión de adaptarse a este nuevo tipo de ‘batallas’ (¿Se puede llamar así?).


Hay que verlo desde un lado más luminoso: la gente está peleando por su espacio de expresión en internet, porque todo lo demás les (nos) ha sido arrebatado de las manos: la televisión, radio y hasta los periódicos. Las redes sociales –me gusta pensar que en especial el blog- han servido para expresarnos libremente, a pesar de que, tal vez, nuestros textos o ideas breves no rebasen los niveles de ingenuidad propios de un ciudadano común, ante los ojos de lo que sí creen que sus ideas pesan más que las nuestras. Así estamos bien: al menos pensamos.


Gamer es una película de Mark Neveldine, en la que se plantea cómo jugadores pueden controlar a seres humanos (prisioneros) como si fueran personajes de videojuegos de guerra, en el que pelean de verdad y tienen que ‘luchar por sobrevivir’. Por alguna razón este escenario me recuerda mucho a todo lo que hemos presenciado últimamente en internet (específicamente con la caída de los diferentes sitios web gracias a Anonymous). A pesar de que todo esté pasando en el plano de lo virtual, en la realidad (‘como la conocemos’, sea lo que eso signifique), cosas graves están ocurriendo. No sólo la coacción de la libertad de expresión (un concepto bastante frágil en estos momentos), sino también de todo lo que se esconde y que internet nos está develando. Esa verdad que oculta lo que ha pasado con la vida de millones de inocentes y seguramente muchas más cosas son las que están en juego por todo esto. Quizás exagero (ojalá sea así).


Y no es de extrañar que todo esto esté influenciando a artistas, filósofos, psicólogos, entre otras ciencias y disciplinas. Los videos de wikileaks presentes en conciertos (como en Roger Waters) o la violencia explícita en exhibiciones de diferentes museos (que, a su vez, tal vez hasta haya un abuso del tema). Sin duda alguna se puede decir que lo que está pasando es importante, pero que hay que saber asimilarlo. Como se menciona anteriormente, probablemente esta vez no tomaremos palos ni pistolas, ni estaremos acechando a latifundistas. Quizás esta vez luchamos por lo único que nos queda: la palabra. Y también es importante reflexionar que, si es un problema social, la cantidad nos dará la razón. Quiero pensar.

La pornografía de la burguesía (cinismo sexual).

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Dentro del libro  “Crítica de la razón cínica” de Peter Sloterdijk, se reflexiona sobre el origen del cinismo sexual. Él afirma: “viene dada por la ideología del amor idealista, que asigna al cuerpo un papel de menor importancia en relación con los <<sentimientos superiores>>”[1].  Probablemente esta sobrevaloración de eso que él llama “sentimientos superiores” sea la causa, no sólo de este  cinismo sexual ya mencionado arriba, donde se opaca a las necesidades del cuerpo per se, sino también de una exigencia por satisfacer a través de otros medios el ámbito  sexual dentro de la mente humana. Este problema es tan grande, que de hecho dio paso a que la misma filosofía evadiera durante mucho tiempo el tema de lo sexual, enfocándose más al amor idealista, lo que provocó que fuera  creciendo de una manera castrada y, por tanto, incompleta en referencia al querer desglosar al ser humano como una totalidad (o al menos como una dualidad genuina de cuerpo y alma, corazón y genitales):  “[…] A partir de aquí, el amor a la sabiduría será crecientemente  asexuado, perderá  sus partes bajas y su núcleo energético […] y en la época de la cristianización, bajo el dominio primordial de la teología, se convertirá por completo en un eunuquismo organizado[2]. Por lo tanto, este eunuquismo (no sólo en el ámbito histórico-filosófico, sino también en el desarrollo del pensamiento de los seres humanos [específicamente, dice Sloterdijk, en la época burguesa]) ha traído diversas consecuencias, entre ellas el surgimiento de la pornografía y su mismo desarrollo. 

En este tipo de género cinematográfico –haciendo énfasis en que se habla de la época burguesa- no sólo encontramos las relaciones sexuales como imagen principal, sino que en estas películas también hay en sí una historia, variaciones, personajes con nombres y diversas situaciones; todos estos elementos resultan importantes en el desarrollo de la fantasía sexual que se observa, para que al final desemboquen en el ficticio encuentro sexual. Como ya se había mencionado antes, Sloterdijk hace mucho hincapié en que el <<alma burguesa>> es la que quiere experimentar con todo lo referente a lo pasional y lo sensual, sin dejar a un lado sus valores y códigos morales que mostraban ante la sociedad. Parecido a esta frase de la película “The GoodFellas” (1990), de Martin Scorsese: “Sábado en la noche era para las esposas, pero el viernes en la noche en el Copa era siempre para las novias[3].

 La pornografía en la burguesía es, pues, aquello que se ve en secreto, que se puede esconder de los demás y que, ante sus ojos, uno puede seguir siendo esa persona llena de valores, códigos inquebrantables y tener un camino recto. Permanece en el ámbito de lo privado, hecho que también es un importante constitutivo del concepto que construye Sloterdijk de cinismo sexual: “Cuando el burgués se sabe tras la cortina, entonces él, en su animalidad, es más cínico que quínico, más cerdo que perro”[4].

Surge también una problemática interesante: los individuos podrían conformarse con la sencilla apreciación  de las relaciones sexuales entre dos extraños, pero la imaginación burguesa exige más, como el  satisfacer el deseo de querer-ser-animal del burgués. Ante películas como Saló o los cientos veinte días de Sodoma de Pier Paolo Pasolini, encontramos situaciones extremas de esclavitud, masoquismo y otros tipos de violencia, por parte de la aristocracia a cierto grupo de personas encerradas en una casa.  Probablemente este tipo de escenarios son una respuesta ante la imaginación perversa del burgués, de no poder mostrar sus deseos más oscuros, los que residen en el inconsciente: “una Verdad Insoportable con la que tengo que aprender a vivir[5].

Sin embargo, históricamente todo esto ha cambiado. El hombre contemporáneo no ve de la misma manera este tipo de situaciones que el mismo burgués se planteaba en su época (sobre el amor animal e idealista). Y con respecto a la pornografía, Sloterdijk afirma: “El shock pornográfico ha pasado de una vez por todas, pero el negocio pornográfico sigue existiendo y más floreciente que nunca. Hace ya tiempo que en la pornografía burguesa tardía no existe en absoluto ese borrón y cuenta nueva personal con inhibiciones, idealismos eróticos y tabúes sexuales[6]. Es interesante que Sloterdijk haga hincapié en esto, ya que algo que ha suscitado actualmente con el negocio de la pornografía, son todos esos subgéneros que existen en ella. Al parecer, antes que dar una respuesta al “burgués-contemporáneo”, la pornografía actualmente trata de satisfacer cualquier tipo de jerarquía social, algo similar a “expandir su mercado”.  Prueba de ello es que también ha intentado cruzar límites que, desde mi punto de vista, probablemente se creía imposible, como la existencia de las películas snuff (asesinar a alguien, grabarlo y venderlo).

Entonces, la pornografía burguesa correspondía a una mentalidad donde se buscaba conservar un ideal ante los demás, pero también buscaba satisfacer un deseo animal que vivía en el hombre. Hoy en día, la pornografía, si bien es un negocio que está “más floreciente que nunca”, en búsqueda de nuevos escenarios o situaciones que impliquen un encuentro sexual alternativo,  trata de llamar la atención no sólo del que no quiere ser juzgado por la sociedad, sino al que ni siquiera le importa el entorno donde se desarrolla, moviendo de lugar todos los conceptos que se pueden tener sobre “amor ideal”, “belleza”, etc.: “La belleza del cuerpo, que fue reconocida en el platonismo como un indicador del alma hacia la más alta y entusiasta experiencia de la verdad, sirve en la pornografía moderna para la solidificación de la falta de cariño que en nuestro mundo tiene el poder de definir lo que es la realidad[7]. Exagerar el amor ideal ha hecho del ámbito sexual un sector abandonado y, por tanto, con necesidades de atención que van aumentando de niveles. Y antes que dar un juicio de valor sobre esta situación, más bien las preguntas que surgen, son: ¿Qué satisface ahora a la imaginación del hombre contemporáneo?¿Cuál es su límite? ¿Se llegará a el?






[1] SLOTERDIJK, Peter. Crítica de la Razón Cínica.  Biblioteca de ensayo Ciruela. Madrid, 2007. Pág. 374


[2] Ibid. Pág. 378


[3] "Saturday night was for wives, but Friday night at the Copa was always for the girlfriends.


[4] Ibid. Pág. 389


[5] ZIZEK, Slavoj. Cómo leer a Lacan. Edit. Paidós. Pág. 13


[6] SLOTERDIJK. Op. Cit. Pág. 394


[7] SLOTERDIJK. Op. Cit. Pág. 396

Lo privado frente a lo público en la televisión, por medio del Reality Show.

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“La estrategia cultural de la literatura y del arte burgués
consiste en conquistar con la representación de lo privado,
la publicidad, pero al mismo tiempo, en lo privado incluso,
se levanta un biombo entre lo privado idealista y lo privado animalista”.

-Peter Sloterdijk, Crítica de la Razón Cínica.
**


Uno de los medios más poderosos que hay en la actualidad es la televisión. Es el medio por el cual las personas se pueden enterar de lo que pasa todos los días (a nivel mundial) o bien, pueden distraerse; encontrar cierto divertimento en programas de temáticas –infinitamente- diversas. Sin embargo, la televisión también se ha convertido en un arma de dos filos: ¿Qué es lo que nos transmite y cómo lo hace? Si bien se ha convertido en un instrumento que informa al espectador sobre diversos hechos de manera inmediata, a veces la tergiversación de la información o la intencionalidad de lo que muestra cuestiona la necesidad de su presencia en la vida diaria de los individuos. La pregunta que se debe hacer en este caso es: ¿Esto es ocasionado realmente por la televisión y su inmediatez… o de lo que las personas hacen con esta máquina? Bauman menciona al respecto: “Como culpar al mensajero por los males del mensaje es una costumbre históricamente muy arraigada, y como la mayor parte de los mensajes hoy en día suelen llegar por televisión, hay buenas razones para suponer que se seguirá culpando a la televisión por los males de un mundo en el que habitan tanto los productores de TV, como los espectadores de los programas que éstos producen”[1] . Toda esta problemática resulta ser un círculo vicioso entre la máquina como un medio (“un mensajero”) y de los que producen sus programas. Y por supuesto, no se puede olvidar, evidentemente, al espectador que elige y exige lo que quiere ver (lo cual le es dado para no perder su atención).




Dentro de todos los géneros televisivos existentes, Bauman habla acerca del fenómeno del Talk Show; este develar de lo íntimo en el terreno de lo público. Personas comunes y corrientes hablan de sus problemas personales, los cuales involucran el adulterio, la agresividad, el sufrimiento y otros temas que resultan ser el blanco perfecto para la curiosidad del otro. Pero en este texto no voy a hacer hincapié en el fenómeno del Talk Show, sino al del Reality Show o telerrealidad.


El género televisivo del reality show consiste en que el programa se concentrará solamente en cierto número de personajes actuando de manera “real”, es decir, nada de lo que pase es actuado y, por tanto, se observan situaciones en las que los personajes deben reaccionar como si no hubiera cámaras ni tele-espectadores. ¿Cuál es el verdadero objetivo de ver este tipo de programas? Que en ellos no hay un límite de lo privado: hay cámaras en los dormitorios, en la cocina y en la sala, así como también un equipo de producción va con ellos a todos lados. Bauman afirma algo que se aplica en este género: “Hemos instalado micrófonos en los confesionarios y los hemos conectado a una red de acceso público, y ventilar en público la propia intimidad se ha vuelto la tarea sine qua non de toda figura pública y la obsesión compulsiva de todos los demás” [2]. A simple vista, la necesidad de querer ver al otro en situaciones que implican cierto grado de privacidad, está alcanzando otro límite, mismo que se desea superar. Si primero se tenían a personas debatiendo acerca de problemas familiares, personales o sexuales (como el ejemplo de Bauman sobre Alain Ehrenberg [3]), la contemplación de dichos problemas en situaciones reales es lo que ahora desea ver la gente y las productoras de televisión están dispuestas a mostrarlo.
Ya sea por medio de concursos (Big Brother o aquellos programas donde un grupo de hombres o mujeres concursan por el “amor” de algún ícono televisivo), cámara escondida (las personas ignoran el estado de ser-grabados) o cámaras pasivas (donde la gente sabe que es filmada pero actúa natural), el Reality Show resulta ser un abanico infinito de posibilidades, que puede satisfacer hasta la imaginación más “perversa” del espectador. De manera similar, Zizek hace una analogía con Casablanca, de Michael Curtiz (1942): “Para ponerlo en términos lacanianos: durante esos críticos tres segundos y medio, Ilse y Rick no se acostaron para El Gran Otro (en este caso, el decoro de la apariencia pública a la que no hay que ofender), pero se acostaron para nuestra sucia imaginación fantasmática” [4]. Sin embargo, a diferencia de la sutileza de la que habla Zizek en Casablanca, en el Reality Show todo es más explícito, con cámaras nocturnas, primeros planos y personajes que están dispuestos a hacer todo, sin que importe la existencia del espectador: he ahí la raíz de su éxito (y, todavía más allá, la imitación en la vida por parte del espectador [consumo de drogas, promiscuidad, etc.]).


Así, este tipo de programas responde a una necesidad más perversa de lo que la imaginación quiere, muchas veces extralimitándose, dando lugar a escenas que jamás se pensaron ver en televisión, como un hombre golpeando a una mujer (como en el famoso reality show “Jersey Shore” de Mtv), descubrir a gente en cuartos de hotel teniendo relaciones sexuales (como en el programa “Cheaters”) o la búsqueda de la fama por medio del “amor” (como en cualquier reality de concursos, siendo The Bachelor uno de los más famosos en Estados Unidos).


Michael Moore hace un estudio interesante en Bowling For Columbine, acerca de la televisión estadounidense. ¿Qué es lo que muestra a su público? Amenaza, miedo y noticias negativas, razón por la cual se puede poner a este medio como primera inyección de paranoia entre la población estadounidense. Si es así con una programación que inyecta miedo entre sus televidentes, ¿Qué pasa con aquella que coacciona el sector de lo privado?


A diferencia de los talk show, que Baumann ve más como programas que “buscan una resolución individual por medio de recursos también individuales” [5] , el reality show sólo se trata de mostrar lo que, en algún momento, se creía tan privado que no se podía ni mencionar. ¿Hacia dónde está avanzando la televisión en este ámbito? Durante la década de los cincuenta, ni siquiera en los dibujos animados existían pruebas de afecto mayores, prueba de ello es el hecho de que Pedro y Vilma Picapiedra dormían en camas separadas, ya que su audiencia demandaba este tipo de escenarios. ¿A qué responde esta eliminación de la privacidad? Se reafirma la idea de que responde a una imaginación que cada vez pide menos ámbito privado, al menos el de otras personas: “Si ‘lo privado’ cubre la escena pública de lado a lado, no hay lugar para nada que no pueda o se rehúse a ser remitido al interior, y no se le permite la entrada a la escena pública hasta no ser reciclado por el ámbito privado” [6].


Y de hecho todo esto no sólo involucra al Reality Show, sino también a los programas con escenas ultra-violentas, temáticas sexuales, etc. en horarios en los que cualquier persona -de cualquier edad- puede alcanzar y en canales totalmente accesibles en sus hogares. Respondiendo a las preguntas anteriormente formuladas, me atrevo a afirmar que la televisión no es el motor que da lugar a esto per se, pero sí es una parte fundamental del problema. Por su parte, los productores conceptualizan y hacen este tipo de programas, pero la verdadera cuestión reside en los mismos espectadores, que al parecer son los que demandan más satisfacción de este lado de la imaginación, de ese fantasma. Quizás es ahí es donde la filosofía debe centrarse para averiguar qué consecuencias trae esto y, en todo caso, buscar un objetivo más equilibrado entre el sector público y privado, que al parecer resulta difícil encontrar un punto medio. Claro, si es que los espectadores desean eso.




[1] BAUMAN, Zygmunt. La Sociedad Sitiada. Fondo de cultura Económica. Argentina, 2002. Pág. 198
[2] Ibíd.  205
[3] Ibíd. 205
[4] ŽIŽEK, Slavoj. Cómo leer a Lacan.  Edit. Paidós. Buenos aires, 2008. Pág. 91
[5] BAUMAN, Op. Cit. 206
[6] BAUMAN, Op. Cit. 208

Primer Concurso de Fotografía Turística La Ciudad en tu Mirada.

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Elsa María López Ponce, Tercer lugar en el Primer Concurso de Fotografía Turística 'La Ciudad en tu Mirada'.












Breve Reflexión sobre: el pasado personal.

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Hace poco comentaba con unos amigos sobre todas esas cosas que nos forjan en el pasado. Específicamente, esa especie de búsqueda de identidad que se ve en el hecho de pertenecer a un movimiento  ideológico (para lo cual no tengo aún muy claro si se les llama con certeza "contracultura", "subcultura" u otro nombre). Si se profundiza un poco en el tema, creo que todo lo que adoptamos en ciertos momentos de la adolescencia, casi rayando en la etapa adulta, forjan nuestra personalidad de una manera increíble. Y no tanto  en el exterior (vestimenta u ornamentos), sino en el interior (ideas y/o reflexiones). El ejemplo más claro que puedo poner aquí, supongo, es el mio.

Durante cierta etapa de mi vida dediqué mucho tiempo al movimiento Goth. ¿Qué buscaba yo? ¿Qué llamaba mi atención? Lo primero que se me viene a la mente es la estética tan rebuscada que caracteriza a este movimiento, desde los peinados hasta la vestimenta. En segundo lugar fue el descubrimiento de nuevos géneros musicales, porque si bien los años noventa forjaron toda mi infancia, durante el curso de la primera década del 2000 me dediqué a descubrir nuevos grupos, desde Bauhaus hasta Cinema Strange, pasando por el industrial, el futurepop y un largo etcétera. Por supuesto, después vinieron las películas, las fotografías y la poesía.

Por último, esta exageración del sentimiento depresivo me sorprendía mucho. Estar en contacto con algo que los demás daban por "negativo" era demasiado atrayente. Sin embargo, el tiempo pasó y algo dentro de mi sabía que vestir siempre de negro, pintarme exageradamente los ojos y los labios, ya no era algo viable. Así que poco a poco comencé a dejar a un lado todas esas cosas que, exteriormente, me hacían decir al mundo "quiero pertenecer a este movimiento" (algo muy adolescente, pero de eso se trata). Sin embargo, aunque ya no salga a la calle con toda esta ornamentación, algo que guardo con mucho amor es el gusto musical que adquirí, la literatura que a mis manos llegó y todas esas películas que me hacían reflexionar y que admiré con fervor.

El objetivo de esta breve reflexión, es que esta búsqueda personal de algo, de ese je ne sais quoi, pienso que siempre deja cosas valiosas que uno aprende a apreciar en su etapa adulta. Tal vez no sea tanto de filosofía y tal vez resulte un tema vinculado a un tema psicológico o sociológico. Pero yo, como estudiante de filosofía, puedo decir que todas esas cosas que tomé en esa etapa de mi vida, seguro fueron elementos clave para formar a la persona que soy actualmente.

Un poco sobre La fotografía

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Esta pequeña reflexión nació por un debate en twitter entre @tattoo_hunter y @Andreinski. Todo lo que escribo se basa en ideas de Walter Benjamin, quien -me parece- esclarece bien la esencia de lo que se discute. Incluyo esta cita, la cual es importante para explicar que no tengo nada que ver en el debate, pero se me hizo muy interesante y quería dar mi argumento:


“Criticar es un arte social.
Al lector sano no le importará un rábano
el juicio crítico del reseñador; lo que en
el fondo del todo disfruta es la hermosa mala
costumbre de unirse al otro en su lectura sin ser invitado”.


- Walter Benjamin, primera parte de “Algo Nuevo Acerca De Las Flores”.




Como decía, el debate tiene como premisa principal ¿Realmente el fotógrafo puede crear sin una cámara? Antes de dar una respuesta, creo pertinente el explicar un poco sobre cómo percibo al fotógrafo y a su técnica.


Para entender la cámara fotográfica como medio entre el fotógrafo y la obra de arte, es necesario saber un poco de su historia. A pesar de que eso ya lo hizo Benjamin en “Sobre la fotografía”, enuncio la idea principal: todo surgió por la necesidad de fijar en algo las imágenes plasmadas en el fenómeno de la camera obscura. Este último término se refiere al cuarto en donde había un pequeño agujero en una de las paredes y gracias a la luz solar, los elementos exteriores se reflejan y se plasman en la pared posterior inmediata de donde está el agujero. Es así como surge la búsqueda de un instrumento que logre fijar dicha imagen y, como consecuencia, también sea el foco de atención del espectador. Ahí nace la cámara fotográfica y, por lo tanto, nace una nueva disciplina artística (o técnica [tekné = habilidad]).


No es de extrañar que se haya despotricado ante esta nueva técnica. Para muestra, Benjamin cita el periódico Der Leipziger Anzeiger, en donde hablan de la fotografía como algo inimaginable, casi un sacrilegio pensar en su posibilidad:


“Querer fijas fugaces reflejos no es sólo una cosa imposible, tal como ha quedado probado después de una concienzuda investigación alemana, sino que el mero hecho de desearlo es ya de por sí una blasfemia. El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y ninguna máquina humana puede fijar la imagen divina. A lo sumo podrá el divino artista, entusiasmado por una inspiración celestial, atreverse a reproducir en un instante de consagración suprema, obedeciendo el alto mandato de su genio, sin ayuda de maquinaria alguna, los rasgos que en el hombre se asemeja a Dios” [1].


En este último párrafo no existía ni la menor idea de que la fotografía se convertiría en un nuevo abanico de posibilidades para artistas futuros; esta disciplina artística probó el error de este periódico, con el surgimiento de un objetivo más novedoso que un paisaje o un retrato agradable: capturar momentos que inconscientemente damos por hechos o que simplemente perdemos de vista: “La naturaleza que habla a la cámara es distinta a la que habla al ojo; distinta sobre todo porque, gracias a ella, un espacio constituido inconscientemente sustituye al espacio constituido por la conciencia humana” [2] .




Entiendo, pues, al fotógrafo como aquél que no sólo tiene que saber enfocar y apretar un botón, sino que es necesario que sepa de iluminación, contrastes, movimiento, exteriores, etcétera. Saber hacer fotografía es poesía (póiesis); es crear, pero con un instrumento (la cámara) que le permita captar esos momentos perdidos; todo esto le exige mejorar completamente su manera de percibir el mundo (es lo que llama Benjamin “inconsciente óptico”, el cual asemeja con el inconsciente pulsional, el cual sólo se sabe de él por el psicoanálisis).




Godard: "El cine es el único arte que, siguiendo la frase de Cocteau, “filma la muerte en pleno trabajo”. La persona a la que filmamos está envejeciendo y morirá. Filmamos, por tanto, un momento de la muerte actuando” [3]. Creo que la fotografía cumple también ese trabajo por hacer estática la muerte de un momento. En esencia: “La fotografía deja al descubierto los aspectos fisiognómicos de ese material [lo que capta]: mundos de imágenes que habitan en lo minúsculo, lo suficientemente ocultos e interpretables como para haber hallado refugio en los sueños de la vigilia, pero que ahora, al aumentar de tamaño y volverse formulables, hacen ver cómo la diferencia entre la técnica y la magia es enteramente una variable histórica” [4].


Sin embargo, por una cuestión temporal que resulta evidente, Walter Benjamin no vivió para ver las cámaras digitales, photoshop o cualquier cosa con las que el fotógrafo se auxilia hoy en día. En mi opinión, todos podrán tener una cámara, pero un verdadero fotógrafo es aquél que sabe (y desea) captar el mundo (su mundo) hasta con una cámara estenopeica hecha con un bote de avena. A partir de esto, me resulta redundante el preguntar si un fotógrafo puede crear si le quitamos su instrumento de trabajo, si de antemano sabemos que la condición absoluta para ser-fotógrafo es la calidad de contar con una cámara que le permita crear la obra artística. Quizás es lo novedoso de esta disciplina y lo que la vieja escuela no quiere entender. De ser así, podríamos poner en tela de duda el cine, video-performance, etc.




Como conclusión, me gustaría decir que el hecho de que el fotógrafo necesite de su cámara para crear arte, demuestra el reto sobrehumano aplicado, en aras de crear algo nuevo. Y así como el pintor necesita no ser mutilado de la mano con la que pinta, ni el escritor ser arrebatado de su lengua ni sus manos, el fotógrafo convierte a la cámara en sus nuevos ojos, sus nuevas manos. Triztan Tzara dice a propósito: “Cuando todo lo que se llamaba arte quedó paralítico, encendió el fotógrafo su lámpara de mil bujías y gradualmente el papel sensible absorbió la negrura de algunos objetos de uso. Había descubierto el alcance de un destello intacto y delicado más importante que todas las constelaciones que se ofrecen al solaz de nuestros ojos” [5].




Y al tratar de resolver el “riddle” de @Tattoo_Hunter: si en un cuarto metemos a 3 personas, un cantante, un escritor y un fotógrafo, ¿Quiénes tienen la posibilidad de crear? Ofrezco esta respuesta: Todos. Porque el escritor podría contarnos sus historias (¿Huh?), el cantante podría cantar sus melodías… pero créanme que si en el cuarto metes a un fotógrafo que sabe lo que hace, lo más seguro es que apague la luz de ese cuarto y con todas su fuerzas haga un pequeño agujero, por donde entrará la luz y se reflejará la imagen del exterior gracias a los rayos del sol, principio científico de la camera obscura (escrito por Kepler en su tratado " Ad Vitellionem Paralipomena") Y no es necesario meter a gente en un cuarto para comprobar eso, ya que en realidad así nació la fotografía: del hambre por una técnica nueva, con un objetivo que busca más detalles y que por todo lo que exige para llegar a ser casi perfecta, es válida completamente como expresión artística.


Esto, por supuesto, lo dice alguien que escribe, que ha tomado clases de pintura, que ha ido a clases de música y que también se ha dedicado a la fotografía.




Cierro este texto, con una cita de Cortázar en La Babas Del Diablo:




“Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños, pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros. No se trata de estar acechando la mentira como cualquier reporter, y atrapar la estúpida silueta del personajón que sale del número 10 de Downing Street, pero de todas maneras cuando se anda con la cámara hay como el deber de estar atento, de no perder ese brusco y delicioso rebote de un rayo de sol en una vieja piedra, o la carrera trenzas al aire de una chiquilla que vuelve con un pan o con una botella de leche. Michel sabía que el fotógrafo opera siempre como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la cámara le impone insidiosa (ahora pasa una gran nube casi negra), pero no desconfiaba, sabedor de que le bastaba salir sin la Contax para recuperar el tono distraído, la visión sin encuadre, la luz sin diafragma ni 1/25O".

La Nostalgie et La Mélancolie



[1] Cita encontrada en: BENJAMIN, Walter. “Sobre la fotografía”. Edit. Pre-Textos.Pág. 22.
[2]  BENJAMIN, WALTER. Sobre la fotografía. Edit. Pre-textos. Pág. 26.
[3] CHABROL, Claude. La Nouvelle Vague. Sus protagonistas. Edit. Paidós. Pág. 108.
[4] Op. Cit. Benjamin, Pág.28.
[5] Citado en Sobre la Fotografía, de Walter Benjamin. Pág. 50.